En septiembre se cumplirán 25 años desde el lanzamiento del disco “Pateando Piedras” de Los Prisioneros, ese que los llevó a ser populares y que se usó en muchas ocasiones para mostrar rebeldía en dicha época.
Y 25 años después, vemos que parte del resentimiento- pero no la gracia, la novedad ni la melodía- siguen vigentes.
El disco abre con “Muevan las industrias”, así como empezaron algunos con Barrancones y continuaron con Hidroaysén. Usamos energía, la queremos a bajo costo y siempre, pero no estamos dispuestos a pagar el costo que implica generarla, parecen decir.
Mi casette continuaba “¿Por qué no se van?”, y es lo que insisten en decir los que cuentan los días para que termine este gobierno, o la misma Confech que se ha propuesto sacar al Ministro de Educación a como dé lugar. ¿Democracia, votaciones, institucionalidad? No gracias, no sabemos qué queremos, pero lo queremos ahora.
Luego de los 3 minutos, venía mi canción preferida, “El baile de los que sobran”. La parte de “ los doce juegos” me parecía especialmente interesante, cuando estar en el colegio era lo más lejano a una situación lúdica para mi. Paradojal resulta ahora que se reclame porque habrán “cesantes ilustrados” en vez de reclamar por mayores oportunidades de empleo y mayor transparencia para decidir mejor. O que no se tome en cuenta que gracias a los avances desde que se lanzó el disco a la fecha, la movilidad social y desigualdad de las generaciones más jóvenes son equivalentes a la de los países nórdicos. Eso sí que es equidad e igualdad.
El lado A terminaba con “Exijo ser un héroe” que aplica tanto para algunos dirigentes que ven su futuro político muy promisorio – sin importar mucho si se beneficia o no a quienes dicen representar- y a una que otra autoridad del pasado que quiere “reposicionarse”.
Más polémico es hoy el inicio del Lado B: “Quieren dinero”. Es que el lucro lo es todo. Algunos lo usan como opuesto a gratuidad, olvidando que cualquier actividad económica genera algún excedente – o de lo contrario no se realizaría- y que lo que cambia es quién se lo lleva. O los accionistas y dueños, o algún grupo de poder dentro de la organización. Pero claro, cuando se anuncian los US$4.000 millones, algunos se sonríen, pero dicen que es insuficiente. No vayan a pensar que quieren dinero.
Ya llegando al final, una muestra de la lucha de clases, “Por qué los ricos”. Hoy nos preguntamos lo mismo. ¿Queremos que haya más de un millón de estudiantes terciarios, o sólo que los más ricos puedan acceder y beneficiarse de ella? Si hoy tenemos una cobertura del 40%, ¿queremos que aumente? Entonces vayamos a los puntos centrales: facilitemos el que se pueda trabajar y estudiar a la vez, traslademos nuestro sistema universitario a uno más cercano a un college – más general y donde se puedan tantear las destrezas y habilidades- para reducir la deserción; a que haya una transición más suavizada entre los liceos técnicos profesionales y los Centros de Formación Técnica o los Institutos Profesionales; y a modelos de financiamiento- partiendo por cambiar el aporte fiscal indirecto- que entreguen más recursos a menor nivel socioeconómico del estudiante. Insistir en la gratuidad de la educación es beneficiar sólo a los más ricos.
El disco cierra con dos canciones menos conocidas, pero no por eso menos notables. “Una mujer que no llame la atención” y finalmente “Independencia cultural”. Sobre lo primero, sobran las palabras. Ya los comunistas arrugan la nariz y le prohíben sonreír, no vaya a ser que el discurso salga un poco amable.
Y sobre la cultura, mucho nos queda por avanzar. Mientras miles se han manifestado de forma pacífica, creativa y razonable, otros tantos sólo piensan en más excusas para destruir, violentar y saquear. Son éstos últimos los que hacen una segunda versión del disco, titulado esta vez “Tirando Piedras”.